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Arte y cultura

El arte ennoblece el carácter de los niños


La autora (izq.) durante una clase de música en el campamento de verano del Instituto Schiller.
(Foto: Juliana Jones)

por Ana Linda Ruiz

En el mes de julio tuvo lugar con éxito el "Campamento de Verano del Instituto Schiller 2003" en Leesburg, Virginia, EU, que organiza el movimiento internacional de Lyndon LaRouche y su esposa Helga Zepp–LaRouche, presidenta internacional del Instituto Schiller. En el campamento participaron veintidós niños de entre ocho y quince años de edad, de Rusia, Perú, México y diferentes partes de los Estados Unidos, que en su mayoría son hijos de miembros del movimiento de LaRouche.


Los niños del campamento Schiller durante una visita al Museo
(Foto: Juliana Jones)

Estos campamentos de verano se han realizado a lo largo de veinticinco años, y por ellos han pasado varias generaciones de niños y jóvenes que hoy son adultos, y que han asumido un compromiso importante con el desarrollo y bienestar de sus respectivas naciones. La intención de realizarlos siempre ha sido la de despertar en los niños su creatividad, recreando en su mente los descubrimientos que han hecho posible la existencia de la humanidad y el desarrollo de los pueblos del mundo, además de rodearlos de lo mejor del arte clásico, en especial la música y el teatro, que ennoblecen el carácter del niño. Así, la idea es encaminarlos a lo que LaRouche refiere cuando dice: "El hombre es intrínsecamente bueno; todos los niños nacen siendo buenos, los hijos de toda la gente nacen buenos. Todos tienen la capacidad del bien. Cada uno es como un ángel. Cada bebé es un ángel. Un bebé que viene es un ángel en una misión. Pero no viene con instrucciones; viene con cierta capacidad. Descubrirá cuál es su misión, crecerá y desarrollará las facultades para realizarla. Después, morirá, cuando sea viejo. Pero, como un ángel, habrá venido a la sociedad y habrá hecho algo bueno. La sociedad necesitaba que ese ángel viniera, en ese momento, a hacer ese bien. Y quienquiera que sea bueno desea ser ese ángel".


El grupo de jovencitas obsequian flores a los padres asistentes a la presentación de clausura
(Foto: Juliana Jones)

Durante cuatro semanas los niños recibieron diferentes clases y realizaron experimentos de ciencia, como la construcción de un instrumento para medir la eficiencia de diferentes fuentes energía. Conocieron el funcionamiento de la máquina de vapor y el del maglev (tren de levitación magnética), del cual construyeron un modelo funcional. También estudiaron la historia del desarrollo del ferrocarril intercontinental en los EU, el desarrollo de Europa, Asia y los países de Iberamérica bajo el modelo del Sistema Americano de economía política. Como parte del programa artístico, recibieron clases de canto, formando un coro que interpretó piezas clásicas de diversos autores, así como clases de teatro clásico, montando el entremés de Cervantes, "El retablo de las maravillas". En su tiempo libre también practicaron diversos deportes y juegos.

La parte musical, dirigida por la autora del presente artículo, consistió en trabajar con los niños la técnica italiana de canto denominada bel canto, e integrarlos para formar un coro que interpretó piezas clásicas a dos y tres voces, de autores como Mozart, Schubert, Domenico Cimarosa, Milani, William Boyce y Henry Purcell. Las clases de desarrollaron de la siguiente manera: diario, por la mañana, el grupo en general trabajaba una hora haciendo ejercicios de respiración y vocalización, que les ayudaban a entender el concepto de la impostación correcta de la voz y a desarrollar lo que se conoce como "voz de cabeza", que después se aplicaba a la interpretación de una canción, siempre con la intención de que el niño descubriera en sí mismo esa capacidad para generar una voz bella y poderla controlar. Luego, recibían clases de 15 minutos divididos en diferentes grupos, según la edad y características de su voz: los más pequeños, de 9 a 12 años; las señoritas, de 13 a 15 años; y los varones, de 13 a 15 años. Así, se hacía una evaluación individual de la emisión de la voz de cada niño, y se corregían errores, para después aplicar lo aprendido a la interpretación de una canción.


La profesora de música dirigiendo a los niños del coro
(Foto: Juliana Jones)

En el transcurso de las clases tuve oportunidad de conocer a los niños, de saber quiénes tenían facilidad para cantar, y quiénes necesitaban que se les despertara el gusto por hacerlo, de modo que todos recrearan la idea de la música en su mente y la compartieran con los demás. Para lograr eso en los niños, es necesario que el director esté plenamente convencido del objetivo y que siempre esté dispuesto a convencer al niño de que lo que aprenderá le gustará y, sobre todo, que logrará la meta de transmitirlo en un concierto. Así, el alumno empieza a tener confianza en el director para que guíe su voz, de modo que se convierte en un reto divertido para él y el director logra captar su atención e integrarlo al orden y disciplina que este trabajo exige. Los niños integraron un trabajo de equipo, como lo es un coro, donde aprendes a ser parte de un todo, que es la idea musical que debe transmitir la pieza a interpretar.

El último día del campamento culminó con una presentación ante los papás y miembros del Instituto Schiller, de lo que los niños lograron en las diferentes actividades realizadas. Lo primero fue una exposición de los experimentos científicos, donde uno de los niños, de los EU, explicó y demostró el funcionamiento de un tren de levitación magnética, usando un modelo construido por él y su padre.


Demostración del funcionamiento de un tren de levitación magnetica
(Foto: Juliana Jones)

Una de las jóvenes repasó los proyectos y propuestas de desarrollo que existen para Sudamérica. Los niños dibujaron una "línea del tiempo", en la que podía apreciarse cómo ha avanzado la civilización desde sus comienzos, destacando las fechas más importantes en las que tuvo lugar el aporte de algún gran científico, músico, escritor o pintor. De esta manera gráfica, demostraron que la gran explosión del conocimiento y desarrollo de la humanidad vino inmediatamente después, y como resultado, del Renacimiento dorado del siglo 15.


Una joven maestra da una clase sobre las necesarias obras de infraestructura para Sudamérica.
(Foto: Juliana Jones)

A continuación, el coro conformado por los niños interpretó las canciones: Tres hojitas, en español; Siamo, siamo, accomodati, en italiano, de Domenico Cimarosa; An die musik de Schubert, con letra en inglés, Talor la grannochiela nel pantano del italiano Milani e interpretada por los niños más pequeños.


El coro de niños bajo la dirección de la profesora Ana Linda Ruiz
(Foto: Juliana Jones)

La orquesta del alemán Geissler, interpretada con dos violines y dos flautas dulces por los jóvenes de trece a quince años; Ricevete o padroncina de Mozart, interpretada en italiano por las jóvenes de trece a quince años; An den frühling de Schubert, interpretada en alemán por los niños de nueve a doce años; un trío de la Flauta Mágica de Mozart; Aleluia de Wiliam Boyce; y Sound the trumpet de Henry Purcell.


La orquesta del alemán Geissler, interpretada con dos violines y dos flautas dulces
Foto: Juliana Jones)

Para cerrar con broche de oro el campamento, los niños escenificaron el entremés de Cervantes, El retablo de las maravillas, logrando así caracterizar a cada uno de los personajes de la obra y contagiando al público con su gracia. Así, los niños aprendieron, mediante la aguda ironía utilizada por Cervantes, cómo cualquier charlatán puede utilizar los prejuicios de un pueblo ignorante y supersticioso para hacerlo creer lo que sea, y encima todavía pagarle por el engaño. En el intermedio, un cartel en forma de pantalla de televisión, con las siglas CNN, sugería que la manipulación de la gran prensa no es cosa nueva.


Los niños interpretan El retablo de las maravillas de Cervantes,
enfrentando al público con la cuestión de la verdad ante la opinión popular.
(Foto: Juliana Jones)

Habiendo participado en un campamento parecido, inspirado por las ideas de Lyndon LaRouche, una servidora está convencida de que estos niños, al igual que yo hace veintidos años, se llevarán consigo una impresión indeleble del significado del arte clásico para sus vidas, y podrán convertirse, desde sus países, en parte del necesario renacimiento cultural y científico que hoy el mundo necesita.

"Campamento de Verano del Instituto Schiller 2003"


Leesburg, Virginia, EU


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